NICOLAS MAQUIAVELO Y SU OBRA "EL PRÍNCIPE"
La verdad es que para muchos, aún no está lo suficientemente justificada
esa asociación entre Maquiavelo y “el mal”. Para muchos de sus lectores y
analistas de su obra, la máxima que se le atribuye a Maquiavelo, “el fin
justifica los medios”, no es más que una burda simplificación de su pensamiento
y filosofía, y de su admirado El príncipe.
Pero un análisis más detenido de esta obra revela que el filósofo
propugnaba el pragmatismo por sobre la crueldad.
Además, cuando Maquiavelo se refiere al sistema político, parece dejar sus valores y moral más que aceptable de justicia con respecto al mismo, donde
el poder se debe ganar, no heredar.
Es posible que la forma en que Maquiavelo desarrolla el contenido
del El Príncipe, haya sido la causa de su posterior fama
malévola. Durante su desarrollo, el escritor se centra en las formas
efectivas de obtener y mantener el poder, y lograr el control, en detrimento de
la naturaleza del gobernante ideal o la forma de gobierno.
Maquiavelo promulgó la idea de que el gobernante
debía usar todos los métodos necesarios para conseguir el objetivo máximo de
bienestar del pueblo y el estado. Para ello, el mismo debía establecer los
límites que considerase aceptables para mantener el control.
Para esto, el énfasis de la obra de
Maquiavelo siempre estuvo en el pragmatismo y el realismo como base de todo
sistema político. Para que estos dos valores sean posibles, en muchas ocasiones
había que resignar los ideales.
Antes de la época de Maquiavelo, sobrevivía el modelo griego de una polis, de un Estado, que también incluía valores morales y éticos.
Por otra parte, durante la edad media, el ideal del príncipe estaba adornado de
valores éticos y morales, y su origen se atribuía a la providencia divina:
Cesar Borgia, en quien Maquiavelo baso su obra,
rompía ambos moldes. Era un tirano por que había usurpado el trono, y, además,
su comportamiento era totalmente inmoral.
Maquiavelo juzga entonces la albor del príncipe desde
estas circunstancias: inaugura la independencia de la acción política – perro también
la independencia de la acción política, respecto a os valores morales y éticos
– porque si bien es cierto que la acción de un político responde a las
circunstancias, es imposible que se comporte absolutamente al margen de las
valoraciones éticas.
Ahora bien: en el otro extremo, en los
idealismos políticos los problemas no son menores. No solo la democracia es una
forma de idealismo político y perfeccionismo político – social. También están
todos los demás “ismos“: nacionalismo, racismo, liberalismo, anarquismo,
socialismo, etc. En todos ellos, el análisis político sobrepasa los límites de la
realidad(con lo cual abandona el realismo político), para ingresar en el campo
de lo que “podría ser mejor ser humano” que es un terreno totalmente opuesto al
realismo. En conclusión: no todo realismo es equivalente a políticas de fuerza:
no todo realismo es equivalente a inmoralidad; no todo perfeccionismo social es
democrático, formas de estado perfeccionistas han sido estados nazis(proclamaba
la superioridad moral de una raza).
Por tanto, cualquier extremo es
perjudicial: o de un realismo político que identifica la política únicamente
con lo que hace el político: o un perfeccionismo político que ignora las
circunstancias particulares de las sociedades, es decir, que ignore la
realidad.
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