domingo, 10 de diciembre de 2017

NICOLAS MAQUIAVELO Y SU OBRA "EL PRÍNCIPE"
La verdad es que para muchos, aún no está lo suficientemente justificada esa asociación entre Maquiavelo y “el mal”. Para muchos de sus lectores y analistas de su obra, la máxima que se le atribuye a Maquiavelo, “el fin justifica los medios”, no es más que una burda simplificación de su pensamiento y filosofía, y de su admirado El príncipe.
Pero un análisis más detenido de esta obra revela que el filósofo propugnaba el pragmatismo por sobre la crueldad. Además, cuando Maquiavelo se refiere al sistema político, parece dejar sus  valores y  moral más que aceptable de justicia con respecto al mismo, donde el poder se debe ganar, no heredar.
Es posible que la forma en que Maquiavelo desarrolla el contenido del El Príncipe, haya sido la causa de su posterior fama malévola. Durante su desarrollo, el escritor se centra en las formas efectivas de obtener y mantener el poder, y lograr el control, en detrimento de la naturaleza del gobernante ideal o la forma de gobierno.
Maquiavelo promulgó la idea de que el gobernante debía usar todos los métodos necesarios para conseguir el objetivo máximo de bienestar del pueblo y el estado. Para ello, el mismo debía establecer los límites que considerase aceptables para mantener el control. 
Para esto, el énfasis de la obra de Maquiavelo siempre estuvo en el pragmatismo y el realismo como base de todo sistema político. Para que estos dos valores sean posibles, en muchas ocasiones había que resignar los ideales.
Antes de la época de Maquiavelo, sobrevivía  el modelo griego de una polis, de un Estado, que también incluía valores morales y éticos. Por otra parte, durante la edad media, el ideal del príncipe estaba adornado de valores éticos y morales, y su origen se atribuía a la providencia divina: Cesar Borgia, en quien Maquiavelo baso su obra,  rompía ambos moldes. Era un tirano por que había usurpado el trono, y, además, su comportamiento era totalmente inmoral.
Maquiavelo  juzga entonces la albor del príncipe desde estas circunstancias: inaugura la independencia de la acción política – perro también la independencia de la acción política, respecto a os valores morales y éticos – porque si bien es cierto que la acción de un político responde a las circunstancias, es imposible que se comporte absolutamente al margen de las valoraciones éticas.
Ahora bien: en el otro extremo, en los idealismos políticos los problemas no son menores. No solo la democracia es una forma de idealismo político y perfeccionismo político – social. También están todos los demás “ismos“: nacionalismo, racismo, liberalismo, anarquismo, socialismo, etc. En todos ellos, el análisis político sobrepasa los límites de la realidad(con lo cual abandona el realismo político), para ingresar en el campo de lo que “podría ser mejor ser humano” que es un terreno totalmente opuesto al realismo. En conclusión: no todo realismo es equivalente a políticas de fuerza: no todo realismo es equivalente a inmoralidad; no todo perfeccionismo social es democrático, formas de estado perfeccionistas han sido estados nazis(proclamaba la superioridad moral de una raza).
Por tanto, cualquier extremo es perjudicial: o de un realismo político que identifica la política únicamente con lo que hace el político: o un perfeccionismo político que ignora las circunstancias particulares de las sociedades, es decir, que ignore la realidad.


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